La prepotencia podrá impresionar a algunos, pero solo causarás miedo, no respeto
El jefe pregunta si alguien ve un problema y doce personas miran sus cuadernos.
La semana anterior ridiculizó a quien corrigió una cifra. Hoy presenta el mismo plan con otro cálculo dudoso. Nadie quiere ocupar de nuevo el lugar frente a su sonrisa. La reunión termina rápido y el error avanza sin resistencia.
El miedo produce silencio, puntualidad y respuestas cortas. Desde arriba puede parecer respeto. La diferencia aparece cuando la autoridad sale del cuarto: el respeto sostiene acuerdos, el miedo esconde información y espera una oportunidad para apartarse.
Dirigir con firmeza no significa someter cada decisión a votación. Se puede exigir preparación y corregir trabajo deficiente. Para recibir la verdad, sin embargo, hay que demostrar que señalar un riesgo no costará dignidad.
El jefe vuelve a preguntar y esta vez reconoce que reaccionó mal la semana anterior. Una persona levanta la mano y muestra la cifra. La autoridad no se hizo más pequeña. El cuarto, por fin, pudo usarla sin miedo.