Porque el respeto hace posible conocernos, comunicarnos y apreciarnos
Llevas tres reuniones evitando decir el apellido de la nueva compañera.
Temes pronunciarlo mal. En vez de preguntar, señalas su turno con la mirada o dices 'nuestra colega'. Ella responde, pero cada rodeo confirma que su nombre parece demasiado incómodo para merecer un intento.
El respeto no consiste en saber de antemano cómo nombrar, tratar o comprender a todas las personas. Consiste en reconocer la importancia suficiente para preguntar, escuchar la corrección y volver a intentar sin convertir nuestra incomodidad en carga ajena.
La comunicación mejora cuando no necesita atravesar suposiciones. Una pregunta sencilla puede evitar meses de distancia: '¿Puedes repetir cómo pronuncias tu apellido?' No exige una disculpa larga ni obliga a la otra persona a tranquilizarnos.
Ella lo dice despacio. Tú lo repites y corriges una sílaba. En la siguiente reunión usas su nombre para darle la palabra. El respeto empezó como una pregunta y terminó haciendo posible una conversación más directa.