El cómo tratamos a las personas importa. Los acerca o aleja...
El aprendiz trae la medida equivocada y el maestro le quita la cinta de las manos.
Dice que es más rápido hacerlo él mismo. Resuelve el corte, termina el mueble y al día siguiente se queja de que el muchacho nunca toma iniciativa. No ve que cada pregunta recibe una mueca y cada intento termina con las herramientas confiscadas.
La manera de tratar a alguien enseña qué lugar ocupa. Podemos decir que la puerta está abierta mientras el tono anuncia que entrar cuesta vergüenza. Con el tiempo, la persona deja de preguntar, proponer o contar lo que todavía no sabe.
Respetar no significa celebrar cualquier trabajo. Un error necesita corrección y algunos oficios no permiten improvisar. La diferencia está en si corregimos para aumentar la capacidad del otro o para confirmar nuestra superioridad frente a ella.
El maestro devuelve la cinta y pide que mida de nuevo explicando desde qué borde. Tardarán más hoy. Quizá mañana el aprendiz haga el corte solo. Acercar a alguien también exige dejarle una herramienta en las manos.