A veces le damos tanto espacio al futuro que nos olvidamos del presente.
Publicada en Gutenberg el 30 de julio.
Durante la comida revisas el calendario de la próxima semana.
Cuando levantas la vista, alguien ya retiró los platos. Recuerdas que hablaron de una película y de una vecina, pero no podrías repetir una sola frase. Estuviste allí con el cuerpo mientras la cabeza organizaba un martes que todavía no existe.
Pensar en el futuro es una forma de cuidado. Pagamos seguros, hacemos citas y guardamos dinero porque habrá un mañana. La dificultad aparece cuando prepararse consume la parte de la vida que pretendíamos proteger.
El presente no siempre es agradable. A veces mirar hacia adelante ayuda a atravesarlo. Pero hay días suficientemente buenos que perdemos por costumbre, no por necesidad. Los usamos como pasillos hacia una fecha más importante.
No hace falta abandonar los planes. Tal vez baste con dejar el teléfono lejos durante una comida y permitir que ese momento sea el destino, aunque no produzca nada para después.