El Librero de Gutenberg

Madurar también es entender que la gente es temporal. Un día todo bien, otro día nunca más.

Publicada en Gutenberg el 31 de julio.

Un día notas que ya no sabes dónde vive una persona que antes conocía todos tus horarios.

No hubo una pelea final. Los mensajes tardaron más, después dejaron de llegar y nadie nombró el cambio. Años más tarde, su nombre aparece en una fotografía y por un momento recuerdas la voz completa.

Nos gusta pensar que una relación importante debe permanecer. Si termina, buscamos una culpa o una escena que explique por qué. Pero algunas personas pertenecen a una edad, una ciudad o una versión de nosotros que también terminó.

Aceptar lo temporal no vuelve desechable a nadie. Al contrario: permite agradecer una presencia sin exigirle que dure para demostrar su valor. También ayuda a reconocer cuándo estamos sosteniendo por costumbre algo que ya no tiene vida.

Hay personas que se quedan y merecen cuidado. Otras se van y merecen un lugar honesto en la memoria, no una persecución infinita para devolverlas al presente.

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