Es difícil dejar ir a alguien que amas. No significa que hayas fracasado, solo que estás eligiendo darte paz.
Publicada en Gutenberg el 30 de julio.
La última caja pesa menos de lo que esperabas.
Hay libros, dos tazas y una chamarra que nadie reclamó. Después de tantos años, el final cabe en la cajuela. Esa proporción parece injusta: demasiado recuerdo para tan pocas cosas.
Irse suele sentirse como admitir una derrota. Pensamos en el tiempo invertido, en las promesas y en la versión de nosotros que creyó que aquello duraría. Queremos salvar el pasado consiguiendo un futuro que lo justifique.
Pero una relación no necesita durar para haber sido real. Pudo dar compañía, aprendizaje y días buenos, y también llegar a un punto donde continuar exigía demasiado daño. Ambas cosas pueden ser ciertas.
Dejar ir no convierte el amor en mentira. Reconoce que el amor, por sí solo, no siempre sabe construir una vida habitable. Cierras la cajuela. Lo que termina no desaparece, pero deja de decidir dónde dormirás mañana.