El Librero de Gutenberg

La soledad te enseña que no cualquiera es compañía.

Publicada en Gutenberg el 31 de julio.

La mesa está llena y llevas veinte minutos sin terminar una frase.

Cada vez que empiezas, alguien mira el teléfono, cambia de tema o espera apenas lo suficiente para hablar de sí mismo. Hay seis personas alrededor y, sin embargo, echas de menos el silencio de tu casa.

La soledad asusta porque parece una ausencia visible. Por eso aceptamos planes, conversaciones y relaciones que ocupan espacio sin ofrecer descanso. Cualquier ruido parece mejor que escucharnos solos.

Con el tiempo, estar a solas puede afinar el oído. Después de una tarde tranquila se vuelve más fácil notar qué compañía nos deja ligeros y cuál nos obliga a actuar durante horas. No se trata de buscar personas perfectas, sino lugares donde también podamos existir.

Elegir mejor puede reducir la agenda durante un tiempo. Ese vacío no siempre es una pérdida. A veces es el asiento que queda libre para que, cuando llegue alguien, pueda sentarse de verdad.

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