El Librero de Gutenberg

Hay que sentirnos de nuestra edad y la experiencia que tenemos

En la clase de baile ocultas el dolor de la rodilla.

Los demás saltan durante una canción y tú sigues porque no quieres que nadie piense que "ya no deberías estar ahí".

Entre fingir que tienes veinte años y sentarte a mirar, parece no existir otra opción.

Sí existe.

Hablas con la maestra. Cambias los saltos por pasos laterales mientras revisas qué pasa con esa rodilla.

No te manda al fondo. Nadie detiene la música para anunciar tu edad por altavoz. Terminas la canción.

Sentir los años no significa obedecer cada prejuicio que viene pegado a ellos.

Significa reconocer el cuerpo que tienes hoy y usar la experiencia para distinguir esfuerzo de orgullo.

No bailaste como a los veinte.

Tampoco te convertiste en espectadora.

Bailaste con la edad que llegó contigo. Y, mira, todavía conoce la canción.

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