El Librero de Gutenberg

Hay que ir a nuestro propio ritmo, no dejar que alguien o las circunstancias nos controlen

En la caminata comunitaria todos empiezan a adelantarte.

La mujer de al lado conversa como si estuviera paseando por el supermercado. Tú ya sientes la respiración corta y ves los chalecos alejándose.

Entonces empiezas a trotar.

Pequeño detalle: viniste a caminar.

Nadie anunció una carrera. No hay premio. Nadie va a quitarte la fruta de la meta por llegar quince minutos después.

Pero basta con ver a otra persona avanzar más rápido para que tu paso empiece a parecer incorrecto.

Claro que no siempre puedes ir "a tu ritmo". Hay vuelos que salen, equipos que dependen de ti y citas donde llegar una hora tarde no es una expresión de libertad personal.

Esta caminata no es una de ellas.

Así que dejas de trotar. Respiras. Vuelves al paso con el que podías hablar y mirar el camino sin sentir que estabas escapando de algo.

Llegas cuando varios ya comen fruta.

Todavía queda para ti (yo también estaba preocupado).

Terminaste después. También terminaste la caminata que querías hacer, no la carrera que inventaste al ver los chalecos.

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