Cada quien tiene un ideal de éxito, y cada quien puede ser exitoso a su manera
En la reunión de la escuela, todos parecen haber preparado una respuesta para la misma pregunta:
"¿Y tú qué has hecho?"
Uno abrió una oficina. Otra acaba de comprar una casa. Alguien enseña fotos de un viaje que, por la cantidad de ángulos, debió durar tres meses.
Martín cuenta que atiende la ferretería de su padre y cierra a las cuatro para acompañarlo a sus citas.
Hay un silencio breve.
Después alguien pregunta por el postre.
No es que la vida de Martín sea triste. Solo cuesta presumirla en veinte segundos. Necesita contexto: su padre ya no puede manejar, la tienda paga las cuentas y cerrar temprano les permite comer juntos.
Los puestos, las casas y los viajes caben mejor en una frase.
Otras cosas también pueden ser éxito: dormir sin dolor, tener una tarde libre, mantener un negocio pequeño o llegar a tiempo para cuidar a alguien.
Eso no elimina las cuentas ni convierte cualquier elección en buena solo porque es "tu manera".
Significa que antes de perseguir una vida admirable conviene preguntar si querrías vivir sus martes completos... no solo enseñar sus fotos.
Martín se despide temprano.
Al día siguiente abrirá la ferretería y a las cuatro acompañará a su padre. Esa era su respuesta, aunque no quedara muy bien junto al postre.