El Librero de Gutenberg

Eres libre de elegir, pero no eres libre de la consecuencia de tu elección.

Tienes el dedo sobre "enviar".

Podría ser una renuncia. El final de una relación. Una verdad que llevas meses guardando porque sabes que, una vez afuera, ya no cabrá en el mismo lugar.

Sabes qué problema resolvería ese correo. También sabes cuál podría crear: una noche sin dormir, una conversación difícil o menos dinero el próximo mes.

Y ahí uno empieza a buscar una opción bastante especial: la que cambia todo sin incomodar a nadie.

Si la encuentras, avísame. Llevo años esperando el folleto.

Elegir cuesta. Quedarte también, ¿o no? Solo que ese costo ya lo conoces y, por eso, a veces dejas de notarlo.

Y ojo: sentirte mal después de decidir no demuestra que te equivocaste. Puedes tomar una buena decisión y aun así extrañar, dudar o pasar una noche horrible.

Antes de bajar el dedo, mira las dos cosas: lo que puede pasar si envías el correo y lo que probablemente pasará si no lo envías durante otros seis meses.

Tal vez lo mandes. Tal vez descubras que falta una conversación antes.

No existe la opción sin consecuencias. La decisión es qué consecuencias estás dispuesto a aceptar.

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