El Librero de Gutenberg

Las crisis empujan los cambios que eran necesarios, pero dejamos para después.

La gotera llevaba meses dejando una mancha pequeña en el techo.

Pusiste una cubeta. Moviste el sillón. Aprendiste a no mirar hacia arriba.

Un arreglo casero muy completo, vaya.

La noche en que llueve de verdad, cae el yeso.

Y de pronto aparecen el plomero, el dinero y el tiempo que durante meses habían estado misteriosamente desaparecidos.

La tormenta no inventó la gotera. Solo hizo imposible seguir ignorándola.

Con otros problemas pasa igual. La deuda vence. El cuerpo ya no aguanta. Alguien dice "ya no puedo" después de meses diciendo "estoy bien".

No hace falta agradecer la crisis. Hay pérdidas que son pérdidas y ya.

Peeero... cuando pase la urgencia, conviene recordar qué avisos aparecieron antes.

No para vivir con miedo. Para llamar cuando la mancha todavía es pequeña y el yeso sigue en el techo.

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