Hay mujeres que se sienten realizadas al ser madres, otras al encontrar a alguien con quien compartir su vida, otras con 3 títulos universitarios y otras viajando. ¿Tan difícil es entender que no todas aspiramos a lo mismo?
En la comida de exalumnas, alguien pregunta a Julia cuándo piensa sentar cabeza.
Julia acaba de volver de una temporada trabajando en Oaxaca. Habla de un taller, de las personas que conoció y de un cuarto pequeño con una ventana enorme. La pregunta no escucha nada de eso. Solo busca la casilla que todavía no marcó.
A veces convertimos nuestras elecciones en una regla para los demás. Si criar hijos nos dio sentido, imaginamos que quien no los quiere aún no comprende. Si elegimos una carrera, miramos la vida doméstica como renuncia. El juicio protege nuestra ruta haciéndola parecer la única madura.
También existe presión detrás de muchas decisiones celebradas. Una boda puede esconder miedo a estar solo. Un viaje puede servir para no regresar a un problema. Ninguna forma de vida queda automáticamente salvada por su apariencia. Lo honesto es preguntar cómo se vive dentro de ella.
Julia no necesita presentar pruebas. Puede contar su viaje o cambiar de tema. La mesa será más interesante cuando cada mujer deje de funcionar como advertencia o ejemplo para las otras y pueda ser, sencillamente, una vida completa.