Cada etapa tiene sus retos pero también sus encantos
Vendes la casa familiar y pasas el primer invierno en un departamento sin patio.
Extrañas el limonero. El cuarto de tus hijos. El ruido de la lluvia sobre la lámina.
También agradeces no subir escaleras con las bolsas ni perder otro sábado persiguiendo una gotera.
Las dos listas caben en la misma cocina.
No tienes que declarar que el departamento es "mucho mejor" para disfrutar algo de él. Tampoco convertir cada ventaja en traición a la casa anterior.
Colocas un limonero joven en una maceta junto a la ventana.
No crecerá como el del patio. Quizá nunca dé la misma sombra.
Pero ahora caminas dos calles al mercado y ya conoces el nombre del frutero. Te sientas por la tarde sin pensar en las escaleras.
La nueva etapa sigue teniendo pérdidas.
Solo que ya no es únicamente una lista de lo que falta.