No permitas que el dolor del futuro te robe la alegría del presente
Tu hijo solicitó una residencia en otro país.
Todavía no sabe si lo aceptaron y tú ya recorres una casa vacía.
Miras su silla. Cuentas domingos. Hasta rechazas una comida familiar porque, pueeees... pronto podría irse y todo te pone triste.
El amor a veces intenta prepararnos así: cobra la despedida por adelantado.
Hablar de dinero, documentos y visitas sí sirve. Imaginar veinte veces el aeropuerto no prepara nada. Solo consigue que una posibilidad futura se coma una cena que sí está ocurriendo.
Esa noche cocinan juntos. Hablan de la residencia durante diez minutos y luego ponen una película malísima que ambos defienden por alguna razón.
La respuesta llegará en dos semanas.
Hoy la sala todavía tiene dos personas.
Y ninguna necesita actuar como recuerdo.