El Librero de Gutenberg

No dejes nada que valga la pena para después

La carpeta del testamento lleva seis meses debajo de una pila de revistas.

Cada domingo piensas abrirla. Y cada domingo aparece algo menos incómodo: arreglar una puerta, ordenar la cocina, ver una película que ya viste.

No estás enfermo. Hablar de escrituras, cuentas y decisiones parece una forma sospechosa de invitar a la desgracia.

Así que las revistas siguen ganando.

Mientras tanto, tus hijos no saben dónde guardas los documentos, qué banco usas ni qué decidiste sobre la casa.

Dejar algo para después no siempre es flojera. A veces es una manera de alejar una conversación que da miedo.

El problema es que ese alivio dura un domingo. La confusión puede quedarse años con las personas que querías proteger.

No tienes que ordenar todos los papeles ni tomar todas las decisiones en una tarde.

Sacas la carpeta y llamas a la notaría. La cita queda para el jueves.

Después escribes en una hoja dónde están las escrituras y se lo dices a una de tus hijas.

El futuro sigue siendo futuro.

Pero nadie tendrá que empezar buscando a oscuras en todos los cajones.

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