No dejes nada que valga la pena para después
La carpeta para el testamento lleva seis meses debajo de una pila de revistas.
Cada domingo piensas abrirla y cada domingo aparece algo menos incómodo. No estás enfermo y hablar de bienes parece llamar a una desgracia. Mientras tanto, tus hijos no saben dónde están los documentos ni qué decisión tomaste sobre la casa.
Dejar para después no siempre es pereza. A veces protege de una conversación que nos enfrenta con la edad, el dinero o la posibilidad de faltar. El alivio es real, pero dura poco y traslada la dificultad a quienes deberán adivinar más adelante.
Lo que vale la pena no tiene que resolverse en una sola tarde. Puede empezar con una cita, una lista de cuentas o el nombre de la persona que conoce cada trámite. Avanzar por partes vuelve posible aquello que la palabra 'testamento' hacía enorme.
Sacas la carpeta y llamas a la notaría. La cita queda para el jueves. Después escribes dónde guardas las escrituras. No controlas el futuro con esos pasos. Evitas que el amor dependa algún día de revisar cajones a oscuras.