El Librero de Gutenberg

La mejor inversión, es invertir en momentos con nuestras personas favoritas

Buscas un reloj costoso para tu padre y él vuelve a preguntar cuándo irán a pescar.

El regalo parece práctico. Puedes comprarlo en una tarde y enviarlo envuelto. Pescar exige levantarse temprano, manejar dos horas y reservar un sábado que llevas meses diciendo que no tienes.

Los objetos también expresan amor. Algunos acompañan años y resuelven necesidades reales. El problema aparece cuando usamos su precio para sustituir una presencia que la otra persona pidió con claridad.

Invertir tiempo no significa estar siempre disponible. Precisamente porque es limitado necesita elección. Una fecha en el calendario tiene más realidad que diez promesas pronunciadas mientras revisamos otra semana llena.

Compras un reloj sencillo y marcas el segundo sábado del mes. En el lago quizá no pesquen nada. Tu padre ya tiene relojes. Lo que estaba pidiendo era una mañana que uno de ellos pudiera medir.

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