Hoy merece ser vivido, no recordado ni temido
En el aniversario de la inundación, revisas el pronóstico cada veinte minutos aunque el cielo sigue despejado.
Hace un año el agua entró de madrugada y arruinó muebles, fotografías y meses de trabajo. Hoy ya limpiaste las coladeras, guardaste los documentos arriba y sabes a quién llamar. Aun así, cada nube parece repetir aquella noche.
Vivir el presente no exige olvidar lo que pasó ni abandonar la prevención. La memoria conserva información valiosa y el temor puede señalar una tarea pendiente. El problema aparece cuando, después de hacer lo necesario, ambos reclaman también las horas que no están en peligro.
Hay aniversarios que el cuerpo y la casa reconocen antes que el calendario. Conviene darles un espacio deliberado: revisar el plan, hablar de la pérdida o mirar una fotografía. Después puede hacerse algo que pertenezca únicamente a este día.
Cierras la aplicación del clima y preparas sopa con tu vecina, la misma que ayudó a sacar el agua. Si llega una alerta, sonará. Mientras tanto cortan verduras junto a una ventana seca. El año pasado no desaparece. Hoy consigue por fin una escena que no le pertenece.