Así como eliges lo que comes, elige lo que entra a tu mente
El teléfono anuncia una desgracia distinta cada siete minutos y al final del día no recuerdas cuál noticia estaba confirmada.
Abriste el primer video para conocer el cierre de una carretera. Después llegaron una pelea, una predicción alarmante y tres mensajes reenviados sin fecha. Sigues informado de muchas cosas y preparado para ninguna. La atención quedó ocupada por aquello que supo interrumpirla.
Elegir lo que entra a la mente no significa comer solo ideas agradables. Hay noticias duras, críticas y riesgos que necesitamos conocer. La elección está en la fuente, la frecuencia y la profundidad. Algo importante no se vuelve más cierto porque lo recibamos veinte veces en versiones cada vez más estridentes.
Un límite útil puede ser revisar dos medios confiables a una hora definida, silenciar grupos que repiten rumores y buscar el documento original antes de reaccionar. También conviene dejar espacio para conversaciones, lectura y silencio que no compitan con una alarma constante.
Desactivas las notificaciones del canal más ruidoso y guardas la página oficial de carreteras. A la mañana siguiente sabes qué ruta evitar y no conoces la última discusión de desconocidos. No cerraste los ojos. Dejaste de entregarles la puerta a quienes solo sabían tocar más fuerte.