El Librero de Gutenberg

No juzguemos. Hay tantas cosas que no sabemos de los demás...

El alumno vuelve a dormirse en la primera fila y la profesora cierra el libro.

Es la tercera vez esa semana. Ella piensa en falta de interés, en el esfuerzo de preparar la clase y en quienes sí llegaron despiertos. Podría despertarlo con una broma para que todos entiendan el mensaje.

No juzgar no obliga a fingir que una conducta no afecta. Dormirse interrumpe, un trabajo incompleto tiene consecuencias y la clase necesita acuerdos. Lo que puede esperar es la conclusión sobre la clase de persona que ocupa esa silla.

Al terminar, la profesora pregunta qué ocurre. El alumno no ofrece una historia perfecta. Explica que empezó un turno nocturno y todavía no encuentra cómo acomodarlo. El contexto no entrega asistencia ni aprendizaje. Sí permite buscar una respuesta que no sea vergüenza pública.

Acuerdan que se siente atrás, entregue apuntes y hable con orientación. Quizá funcione. Quizá no. La profesora conserva el límite y su alumno conserva la posibilidad de ser algo más que el muchacho que se duerme.

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