El Librero de Gutenberg

La forma más elevada de inteligencia humana es la capacidad de observar sin juzgar.

La mujer frente a ti cuenta monedas mientras la fila del supermercado se alarga.

Separa dos productos, vuelve a sumar y pregunta el precio de una lata. En tu cabeza aparece una historia sobre desorden, mala previsión y gente que espera hasta el final para buscar dinero. No sabes su nombre, pero ya le asignaste una biografía.

Juzgar rápido ahorra incertidumbre. Un gesto se vuelve carácter y una demora se vuelve falta de respeto. Así el mundo parece más fácil de clasificar. El costo es que dejamos de mirar lo que ocurre para responder a la explicación que fabricamos.

Observar sin juzgar no significa renunciar al criterio. Hay conductas que debemos evaluar y decisiones que necesitan consecuencias. Significa retrasar la sentencia hasta distinguir lo visto de lo supuesto. 'Está contando monedas' es un hecho. Todo lo demás todavía pide información.

La cajera retira la lata y la fila avanza. Nunca sabrás la historia. Tampoco hacía falta. Durante esos minutos podías convivir con una escena incompleta sin convertir a una desconocida en el defecto que más te irrita.

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