La vida la hacemos. Nosotros le damos sentido a la existencia
El primer lunes de jubilación despiertas a la misma hora.
Solo que ya no hay ningún lugar adónde llegar.
Preparas café, miras el reloj y ordenas unos papeles que no tienen ninguna urgencia. Durante cuarenta años el trabajo decidió a qué hora empezaba el día, con quién hablabas y qué respondías cuando alguien preguntaba a qué te dedicabas.
Ahora son las nueve y la mañana parece enorme.
La gente te dice que disfrutes. Que descanses. Que hagas todo eso que antes no podías hacer.
Buena idea... durante unos días.
Después descubres que descansar sin haber elegido nada más también cansa.
No necesitas encontrar "tu misión" antes del viernes. Bastante trabajo te dio ya tener un trabajo.
Necesitas una cosa que vuelva a pedirte atención porque tú la elegiste.
El miércoles vas a la biblioteca y preguntas por el programa de lectura. Necesitan a alguien dos horas los jueves.
Es poco.
Perfecto. Puedes probarlo sin convertir la jubilación en otra carrera profesional.
No sabes todavía cómo serán tus semanas dentro de un año. Por ahora tienes un compromiso los jueves y cuatro niños esperando un cuento.