Nadie elige las circunstancias, pero podemos elegir cómo ser y qué hacer ante ellas
El dueño vende el edificio y tienes noventa días para dejar el departamento donde viviste durante treinta años.
No elegiste la venta. Ni el plazo. Ni las rentas que ahora parecen pedirte una pequeña fortuna por un cuarto con ventana.
Alguien dice que "todo depende de tu actitud".
Qué ganas de aventarle una maceta, ¿no?
Porque hay cambios que ninguna sonrisa vuelve fáciles. Y hablar de elección como si todos tuviéramos las mismas opciones solo consigue añadir culpa a una pérdida.
Peeero todavía quedan movimientos que sí son tuyos.
Con otros inquilinos revisas el contrato. Consiguen una semana adicional. Comparas lugares y eliges un departamento más pequeño cerca del mercado.
Sigues enojada. Vas a extrañar el balcón y la marca en la pared donde medías a tus hijos.
No controlaste la historia completa.
Solo evitaste que el cambio decidiera también cada paso dentro de ella.