El Librero de Gutenberg

Siempre está la opción. No temas corregir el camino

Una mujer abrió el segundo local de su taller justo cuando todo parecía ir bien.

Las cuentas tienen un sentido del humor espantoso.

Compró el letrero, contó la noticia y recibió felicitaciones de gente que nunca vio una sola factura.

Tres meses después, el primer taller empieza a pagar tarde los materiales.

Cerrar el segundo espacio significaría admitir que se apresuró. Mantenerlo consume el dinero del trabajo que sí funciona.

Y ahí entra el orgullo.

Mira, ya no se trata solo de una renta. Ella ya contó que el negocio estaba creciendo. Cerrar significa explicar que se apresuró y escuchar opiniones de personas que, repito, jamás vieron las cuentas.

Así que paga otro mes para no dar explicaciones.

Luego otro.

Hasta que un lunes cancela el contrato, vende el letrero y vuelve a concentrarse en las reparaciones.

Sí, ahora tiene un local en vez de dos. También vuelve a pagar los materiales a tiempo y deja de despertarse a las tres de la mañana para revisar la cuenta.

Alguna persona lo llamará retroceso. Probablmente. Pero esa persona no iba a pagar la renta del segundo local, ¿verdad?

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