El Librero de Gutenberg

No te dediques a acumular cosas materiales, la vida es mucho más que eso

La mudanza cuesta el doble si llevas las cajas que no abriste desde la vez anterior.

Hay vajillas repetidas, cables de aparatos que ya no existen y ropa guardada para una ocasión que nunca llegó. Nada parece suficientemente valioso por sí solo. Junto, todo exige otro camión, otra habitación y varias horas de trabajo.

Las cosas materiales pueden dar comodidad, belleza y memoria. El problema no es poseerlas. Aparece cuando conservar se vuelve una obligación automática y la vida disponible empieza a organizarse alrededor del espacio que ellas reclaman.

Soltar tampoco debe convertirse en una competencia de pureza. Una carta vieja puede valer más que un mueble nuevo. La pregunta útil no es cuántos objetos quedan, sino cuáles siguen participando en tu vida y cuáles solo cobran almacenamiento.

Abres cada caja con una mesa para donar, otra para reciclar y una tercera para llevar. Conservas la vajilla de tu abuela y dejas ir seis cables sin nombre. El camión pequeño alcanza. En la casa nueva queda una pared vacía que no pide disculpas.

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