El Librero de Gutenberg

Hay momentos en los que hay que trabajar por algo, y momentos en los que hay que aceptar que soltar es lo mejor

Por tercer año intentas salvar un pequeño huerto donde el edificio ya no deja entrar suficiente sol.

Has cambiado la tierra, comprado lámparas y movido las macetas por cada rincón. Algunas hojas nacen y después se debilitan. Abandonar el huerto parece admitir que todo el trabajo anterior fue inútil, así que cada temporada añade otra compra.

Trabajar por algo tiene sentido cuando el esfuerzo puede cambiar las condiciones o cuando el proceso mismo conserva valor. Soltar aparece cuando la realidad central ya no depende de nosotros y seguir solo protege lo invertido en el pasado.

La decisión no tiene que ser total. Puedes conservar las plantas que toleran sombra, trasladar otras al patio de un vecino y usar el espacio para algo que sí crezca allí. Soltar una forma no siempre significa renunciar al deseo que la creó.

Llevas los tomates al jardín comunitario y dejas hierbas junto a la ventana. Guardas las lámparas. En abril cosechas albahaca en casa y tomates a cuatro calles. El huerto original terminó. Tus ganas de cultivar encontraron más sol.

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