Hay momentos en los que hay que trabajar por algo, y momentos en los que hay que aceptar que soltar es lo mejor
Por tercer año intentas salvar un pequeño huerto al que el edificio de enfrente ya no deja llegar el sol.
Cambiaste la tierra. Compraste lámparas. Moviste las macetas tantas veces que los tomates deben pensar que viven de gira.
Algunas hojas nacen y luego se debilitan.
Pero abandonar el huerto se siente como admitir que todo el esfuerzo anterior fue inútil. Entonces compras otra lámpara.
Mira, insistir sirve cuando tu esfuerzo puede cambiar algo. Cuando la condición principal ya no responde, a veces solo estás pagando para no aceptar una noticia.
No tienes que tirar cada planta.
Llevas los tomates al jardín comunitario y dejas hierbas junto a la ventana. Guardas las lámparas.
En abril cosechas albahaca en casa y tomates a cuatro calles.
El huerto original terminó.
Tus ganas de cultivar no.