El Librero de Gutenberg

Seamos conscientes de lo que tenemos, y si algo no funciona, más allá de quejarnos, hagamos lo que está en nuestras manos para mejorarlo

El letrero de la tienda parpadea desde hace meses y cada noche dices que la calle está abandonada.

El municipio no arregla la lámpara de la esquina y la banqueta queda oscura. Eso es real. También es real que una letra de tu propio anuncio se apagó y que nunca pediste el presupuesto para cambiarla.

Quejarse cumple una función. Nombra lo que afecta y puede reunir a otros para exigir una solución. El problema empieza cuando la descripción reemplaza cualquier acción posible y todo queda esperando a que cambie primero la parte más grande.

Hacer lo que está en nuestras manos no significa asumir responsabilidades públicas ni culpar a quien tiene pocos recursos. Significa separar lo que exige organización colectiva de la tarea concreta que sí tiene nuestro nombre.

Solicitas otra vez la reparación de la lámpara y llamas al electricista del letrero. Una semana después la esquina sigue oscura, pero tu puerta vuelve a verse. No resolviste la calle. Dejaste de añadirle una oscuridad que sí podías quitar.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.