Aprecia lo que tienes. Y si no es suficiente, trabaja por más
Para abrir el horno tienes que mover la mesa.
Cada vez.
La cocina funciona. Ahí hiciste sopas, pasteles de cumpleaños y cenas que salvaron días bastante horribles.
También estás cansada de cocinar de lado y guardar las ollas en otro cuarto.
En cuanto dices que quieres remodelar, aparece la voz: "Deberías agradecer lo que tienes".
Mmm, como si agradecer la sopa obligara a golpearte la cadera con esa mesa por el resto de tu vida.
Puedes querer esa cocina y admitir que ya no te alcanza.
Abres una cuenta de ahorro. Haces números. Descubres que faltan dieciocho meses y que la isla enorme de tus fotos favoritas ni siquiera cabe (adiós, isla).
Esta noche vuelves a mover la mesa para hornear.
La cocina actual no es un fracaso. La futura tampoco es una traición.
Entre las dos hay una cantidad mensual... y todavía muchas cenas calientes.