El Librero de Gutenberg

A lo mejor no tienes la vida que soñaste, pero posiblemente tienes la vida que muchos sueñan. Sé agradecido.

El departamento es pequeño, el elevador no funciona y desde la ventana se ve un árbol entero.

Subes cuatro pisos con las bolsas y piensas otra vez en mudarte. La renta aumentó, la cocina apenas permite abrir dos cajones y el ruido de la avenida entra temprano. Luego te sientas junto a la ventana y ves un nido nuevo entre las ramas.

Compararnos con quien tiene menos puede producir culpa en lugar de gratitud. El sufrimiento de otra persona no convierte automáticamente nuestra incomodidad en capricho. Podemos querer un lugar mejor sin declarar despreciable todo lo que sostiene el actual.

Agradecer consiste en mirar con precisión. El espacio aprieta y la escalera cansa. También hay una vecina que recibe paquetes, una luz amable por la tarde y dinero suficiente para pagar sin compartir cuarto. Ninguna verdad necesita expulsar a la otra.

Anotas dos anuncios de renta y riegas la planta junto a la ventana. Quizá te mudes. Mientras tanto, no estás obligado a vivir esta etapa como una sala de espera sin nada digno de ser visto.

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