Cada cosa que decimos, cada palabra que escogemos, nos desnuda ante los demás
En la reunión dices que 'ellos no entienden' por qué el nuevo horario es necesario.
Te refieres al personal del turno nocturno, que no fue invitado a la decisión. La frase permite hablar de veinte personas como si fueran un obstáculo sin razones. Nadie pregunta qué información recibieron ni qué dificultad les crea el cambio.
Las palabras no revelan toda nuestra esencia, pero sí muestran la posición desde la que estamos mirando. 'Ellos', 'esa gente' o 'los problemáticos' pueden borrar nombres, condiciones y la parte que nos corresponde explicar.
Cuidar el lenguaje no es decorar una decisión injusta. Cambiar palabras sirve cuando obliga a cambiar la pregunta: qué no explicamos, a quién no consultamos y qué consecuencia estamos trasladando.
Corriges la frase y dices que el equipo nocturno rechazó un horario que no se discutió con ellos. Invitan a dos representantes. El problema sigue. Ya no cabe entero dentro de la palabra 'ellos'.