El Librero de Gutenberg

Es bueno decir lo que se piensa, todos necesitamos expresarnos. Y recuerda que la sinceridad no exige ser groseros

La cuenta incluye dos platos que no pediste y el mesero ya viene disculpándose.

Estás cansado y llevas prisa. Podrías decir que el servicio fue un desastre y preguntar si nadie revisa nada. El error necesita corregirse. La humillación no añade precisión al número ni hace aparecer más rápido una cuenta nueva.

A veces confundimos firmeza con volumen porque tememos que la amabilidad vuelva negociable nuestro reclamo. Pero se puede nombrar el hecho, pedir una solución y repetirla si hace falta sin describir la inteligencia o el valor de la persona.

La cortesía tampoco obliga a aceptar excusas interminables. 'Estos platos no son nuestros. Necesito que los retiren antes de pagar' deja poco espacio a la confusión. Si no se resuelve, podemos pedir a quien tenga autoridad.

El mesero lleva la cuenta y regresa con la cifra correcta. Pagas y te vas. Dijiste exactamente lo que pensabas sobre el cobro. No necesitaste decir todo lo que el cansancio pensaba sobre él.

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