El Librero de Gutenberg

Que nuestras palabras sirvan para construir, no para destruir

La portera de dieciséis años deja pasar el gol y su entrenador grita que nunca aprende.

Ella ya sabe que salió tarde. Mira el suelo mientras el equipo vuelve al centro. La frase del entrenador no explica qué vio mal ni qué movimiento practicar. Solo convierte un error de segundos en una descripción completa de la jugadora.

Las palabras construyen cuando ofrecen información que una persona puede usar. Eso no obliga a suavizar el resultado ni a celebrar lo que salió mal. Exige separar la conducta de la identidad: saliste dos pasos tarde, mira la posición del balón, vamos a repetirlo.

Destruir no siempre suena como un insulto evidente. También ocurre con absolutos como 'nunca', 'siempre' o 'no sirves', que cierran el futuro justo cuando alguien necesita una instrucción para intentarlo de nuevo.

En el descanso, el entrenador se corrige y dibuja la jugada. Ella pregunta desde dónde debe arrancar. En la segunda parte atrapa un balón parecido. La nueva explicación no borró el gol. Le dio al siguiente una respuesta distinta.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.