No cualquiera se levanta para intentarlo de nuevo, hay que tener muchas ganas y mucho valor
Te inscribes en otra carrera de natación y dejas el correo de confirmación sin abrir.
Ahí está. En la bandeja. Sin hacer nada.
Y aun así te devuelve a la carrera anterior: el agua helada, la respiración fuera de ritmo y los aplausos que escuchaste desde la orilla porque saliste antes de terminar.
Ahora entrenaste durante meses. Puedes nadar más lejos y recuperas el aire más rápido.
Tu cuerpo, por supuesto, decide recordar la peor mañana disponible. Muy servicial de su parte.
Mira, intentarlo otra vez no borra lo que pasó. Tampoco garantiza que esta vez terminarás.
Por eso hace falta valor.
Puedes pararte frente al espejo y decir "ahora sí voy a ganar". Suena bien, pero hoy el valor se ve menos bonito: abres el correo, revisas la hora y te presentas aunque todavía te dé miedo salir otra vez.
El domingo entras al agua con una meta pequeña. Llegar a la primera boya. Allí decides si sigues.
No prometiste terminar toda la carrera.
Prometiste no abandonarla desde la bandeja de entrada.