El Librero de Gutenberg

Después de una tragedia familiar, perdí de vista mis sueños y objetivos durante varios años.

Cuatro años después de la muerte de tu hermana encuentras la guía del bachillerato dentro de una caja de recibos.

Habías aprobado dos materias cuando empezaron el hospital, los traslados y las semanas en que nadie sabía quién dormiría en casa. Después llegaron el funeral, los papeles y una familia que aprendía otra distribución. La libreta quedó cerrada. Cada vez que la veías pensabas que además de perderla a ella habías fallado en convertirte en la persona que planeabas.

El duelo altera el tiempo sin pedir permiso. Mantener una casa, acompañar a otros o simplemente atravesar el día puede usar la capacidad que antes tenía un proyecto. Llamar estancamiento a todo ese periodo borra el trabajo invisible de sobrevivir y añade un examen de productividad a una pérdida que ya pesaba bastante.

Eso no obliga a declarar terminado cualquier deseo anterior. Algunos cambian porque cambió quien los sostenía. Otros siguen vivos, aunque ya no quepan en el horario ni en la energía de antes. Retomarlos no recupera los años ni demuestra que el dolor quedó atrás. Solo pregunta qué forma pueden tener en la vida que existe ahora.

Llamas a la escuela y descubres que las dos materias siguen acreditadas. No inscribes el semestre completo. Eliges matemáticas de los sábados y despejas una esquina de la mesa. La ausencia de tu hermana no se vuelve combustible ni lección. Junto a ella vuelve a caber una página que había esperado cerrada.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.