El Librero de Gutenberg

Los años no nos vuelven serios ni aburridos, de hecho nos enseñan a disfrutar la vida

En el taller de teatro, una mujer de setenta años esconde el sombrero ridículo antes de que lleguen sus nietos.

Hace diez minutos improvisaba como capitana de un barco de cartón. Ahora teme que la vean y piensen que está haciendo el ridículo. Se alisa el cabello y dice que a su edad debería elegir actividades más serias.

Los años traen pérdidas, responsabilidades y un cuerpo que cambia. Nada de eso obliga a entregar también el juego. A veces la experiencia permite disfrutar mejor porque ya sabemos qué reuniones agotadoras podemos rechazar y qué pequeñas rarezas sí queremos conservar.

Divertirse no significa negar la edad ni actuar como si no hubiera límites. Se puede adaptar el movimiento, cuidar la energía y seguir riendo. La seriedad es útil para firmar un contrato o acompañar un problema. No tiene que administrar todas las tardes.

Sus nietos entran cuando comienza otra escena. Ella deja el sombrero puesto y les asigna el papel de tripulación. Al terminar, uno pregunta si puede volver la próxima semana. Los años no desaparecen bajo el cartón. Consiguen un lugar desde donde reír con alguien más.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.