El Librero de Gutenberg

Procura hacer algo que alimente tu ánimo y espíritu diario

Guardas la caja de acuarelas para cuando tengas una tarde libre y lleva dos años sin abrirse.

Siempre aparece una tarea más urgente o la idea de que veinte minutos no bastan para hacer algo bueno. La pintura se convierte en premio de una vida completamente ordenada, una condición que ninguna semana consigue cumplir.

Alimentar el ánimo no tiene que producir una obra, una habilidad rentable ni una transformación. Puede ser una actividad cuyo único efecto sea devolver atención y curiosidad. Su valor depende menos de la duración que de que realmente quepa en la vida existente.

La práctica diaria tampoco debe convertirse en otra obligación que castiga. Algunos días serán cinco minutos y otros ninguno. La intención es crear una puerta accesible, no un nuevo examen de disciplina.

Pones un vaso de agua, abres la caja y pintas una taza durante quince minutos. Sale torcida. Al día siguiente añades la sombra. La tarde libre no llegó. Llegó una pequeña parte de ti que llevaba dos años esperándola.

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