El Librero de Gutenberg

A veces el silencio grita más fuerte que mil palabras.

Publicada en Gutenberg el 29 de julio.

La puerta del coche se cierra y nadie enciende la radio.

Los dos miran al frente. Uno espera que el otro pregunte. El otro sabe que cualquier pregunta puede abrir una pelea. El trayecto dura quince minutos, pero dentro del coche se acumulan semanas.

No todo silencio es serenidad. A veces es castigo, miedo o cansancio. Puede decir "me dolió" sin admitirlo, o "quiero que lo descubras solo" cuando ni siquiera nosotros sabemos explicar qué pasó.

Las palabras no siempre resuelven. Sin embargo, una frase torpe suele ser más amable que hacer al otro responsable de interpretar cada gesto. "No puedo hablar ahora, pero quiero hacerlo mañana" ya cambia la calidad del silencio.

Callar puede proteger una conversación de lo que diríamos en caliente. Para que no se vuelva abandono, necesita un borde: cuánto dura, qué significa y si habrá un regreso.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.