No discutas sobre verdades con adictos a las mentiras.
Publicada en Gutenberg el 30 de julio.
Abres el chat para buscar la fecha exacta. La encuentras. La envías. La discusión continúa como si no existiera.
Ahora el problema es el tono del mensaje. Después será el contexto. Cuando aclaras el contexto, aparece otro recuerdo que no tiene relación. La meta se mueve lo necesario para que nunca puedas alcanzarla.
No todo desacuerdo es una mentira. Dos personas pueden recordar distinto, entender un hecho de maneras opuestas o necesitar tiempo para admitir que se equivocaron. El problema empieza cuando ninguna evidencia puede modificar la conclusión.
En ese punto, más pruebas no producen más claridad. Solo te mantienen trabajando en una conversación cuyo resultado ya fue decidido por la otra persona. Salir no demuestra que tengas razón. Evita que la realidad se vuelva una tarea interminable.
Puedes dejar una última frase sencilla: "Esto es lo que ocurrió y no voy a seguir discutiéndolo". Luego cerrar el chat antes de convertir tu memoria en un expediente que debes defender cada noche.