Lo material va y viene. Pero las experiencias nos acompañan siempre
La humedad deshizo la caja donde guardabas los platos de tu abuela.
El cartón se abre por abajo y salen bordes quebrados, periódico pegado y ese dibujo azul que conocías desde niña.
Adiós vajilla.
Y alguien, con muy buenas intenciones, te dice:
"Solo son cosas."
No.
Eran cosas, sí. Pero cuando las veías recordabas la mesa, ciertas voces y el ruido de una cuchara contra una taza.
Peeero... el plato no cocinó aquellos domingos. Tu abuela sí.
Ella corrigió la sal, mandó a alguien por tortillas y dijo la misma historia unas cuarenta veces porque nadie se atrevía a confesar que ya la conocía.
Guardas una pieza azul. Lo demás se va.
Esa noche preparas la sopa en platos distintos. La pruebas y, sin pensarlo, corriges la sal como ella.
Los platos sí se perdieron. Te dolerá ver el espacio vacío.
Pero la receta, la forma de recibir a la gente y esa historia que todos ya conocían todavía las puedes repetir.