Lo material va y viene. Pero las experiencias nos acompañan siempre
La humedad deshizo la caja donde guardabas los platos de tu abuela.
El cartón se abre por abajo y aparecen bordes quebrados, periódico pegado y un dibujo azul que ya no puede rescatarse. Habías conservado esa vajilla durante años sin usarla, como si mantenerla intacta también mantuviera intactos los domingos.
Perder una cosa duele porque no era solo una cosa. Cargaba una mesa, ciertas voces y el ruido de una cuchara contra la taza. Decir que lo material no importa sería despreciar la forma concreta que toman muchos recuerdos.
Pero el plato no produjo aquellos domingos. Tu abuela sí, junto con quienes llegaron temprano, la receta y las conversaciones mientras alguien secaba. Una rotura puede llevarse el objeto sin alcanzar todo lo que aprendiste a su alrededor.
Guardas una pieza azul y tiras el resto. Esa noche preparas la sopa en platos distintos. Al probarla, corriges la sal de la misma manera que ella. La vajilla se fue. Algo de la mesa todavía sabe regresar.