Hagamos nuestro trabajo y dejemos que el tiempo haga el suyo
Mandaste la solicitud de beca hace tres días.
Desde entonces revisas el correo antes de levantarte de la cama. Luego en el baño. Luego mientras se calienta el café (por si el comité decidió escribir justo durante esos cuatro minutos).
Mira, hiciste TODO lo que tocaba: conseguiste las cartas, corregiste los documentos y entregaste a tiempo.
Lo que sigue ya no es trabajo. Es espera disfrazada de trabajo.
Y la espera tiene ese truco medio miserable: logra que te sientas ocupado sin dejarte avanzar.
Así que programas una alarma para revisar el correo a las cinco de la tarde y empiezas una segunda solicitud.
La beca puede llegar o no. Eso sigue fuera de tus manos.
Pero mañana vas a desayunar sentado, sin la bandeja de entrada en la cara. Algo es algo, ¿o no?