El tiempo lo cura todo. O eso dicen.
Ha pasado un año desde que murió tu esposo y todavía no puedes abrir el cajón de sus herramientas.
La familia dejó de preguntar. Tal vez supone que el aniversario entregó un certificado de "duelo terminado" junto con el calendario nuevo.
Tú limpias alrededor del mueble.
El tiempo sí hizo algunas cosas. Ya puedes contar una anécdota sin quebrarte. Puedes pasar frente a su silla sin detenerte siempre.
El cajón sigue cerrado.
No estás atrasada. Tampoco tienes que esperar que otro año haga una tarea que quizá necesita compañía.
Le pides a tu cuñado que se siente contigo y abren solo el primer cajón.
Conservas dos desarmadores. Donan el resto al taller de la colonia.
Al cerrarlo sigue faltando alguien. Claro que sí.
El tiempo te llevó hasta la mesa.
Las manos que llegaron contigo hicieron la parte que el calendario no podía hacer.