Valora a quien te dedica su tiempo.
Llegas cuarenta minutos tarde a revisar tus papeles de pensión.
Tu antigua compañera ya ordenó los formularios por fecha. Preparó una lista de dudas, tomó dos autobuses y dejó la compra para después.
Ella sonríe y dice que no pasa nada porque está jubilada.
Y pueeees... eso no significa que sus horas estén tiradas en una caja con el letrero "sírvase usted".
Hacemos algo parecido con quien trabaja en casa, con familiares y con amistades cuya ayuda no trae factura. Vemos una hora libre y olvidamos todo lo que tuvieron que mover para ofrecerla.
Revisan solo la mitad y acuerdan terminar el jueves.
Esta vez llegas diez minutos antes, con todas las copias.
No intentas pagarle con un regalo enorme que la obligue a decir "no era necesario".
Solo proteges la hora que volvió a darte.
Así puede seguir siendo ayuda... y no tiempo tomado por sorpresa.