El Librero de Gutenberg

Hay cosas que de verdad no tienen la importancia que les damos

La salsa cae sobre el mantel blanco diez minutos antes de la cena de aniversario.

Llevas semanas preparando la mesa y la mancha ocupa exactamente el centro. Empiezas a buscar culpables, cambias el tono y mandas a todos fuera de la cocina. La celebración entera comienza a organizarse alrededor de una tela que puede lavarse o cubrirse.

Un problema puede ser real sin merecer todo el espacio emocional disponible. Bajo presión, confundimos visibilidad con importancia. Lo que está frente a los ojos desplaza aquello que no grita: la gente que llegó, el motivo de la reunión y la noche que no se repetirá.

Dar proporción no significa fingir que nada importa. Conviene preguntar qué daño existe, qué solución basta y cuánto seguirá pesando después. Esa escala permite actuar sin entregar al accidente el derecho de definir el resto.

Colocas una fuente sobre la mancha y sirven la cena. Al día siguiente el mantel conserva una sombra rosada. En las fotografías nadie la ve. Todos recuerdan a tu padre contando por cuarta vez cómo conoció a tu madre.

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