Que la compañía sea por compartir y no como pretexto para no estar solo
Confirmas la cena con alguien que no te interesa porque el viernes vacío parece peor.
Durante la semana ignoraste dos mensajes. El jueves por la noche respondes. No extrañas a esa persona ni quieres conocerla mejor. Solo viste las horas del fin de semana y sentiste que una mesa ocupada demostraría algo que una cena a solas no puede.
Buscar compañía es humano. Necesitamos conversación, contacto y la sensación de importar en otra agenda. El problema no es querer a alguien cerca. Es usar a una persona como ruido contra una soledad que seguirá sentada entre ambos.
También hay vínculos que empiezan sin entusiasmo y crecen con tiempo. No toda duda exige cancelar. La pregunta útil es si existe curiosidad, afecto o voluntad de compartir, aunque sea pequeña, o si solo necesitamos que cualquier cuerpo ocupe la silla.
Escribes que prefieres no ir y propones devolver un libro la próxima semana. El viernes preparas algo sencillo y llamas a una amiga que sí querías escuchar. La noche no quedó llena. Quedó honesta.