Pasar tiempo con uno mismo es una actividad que necesitamos hacer más seguido
El sábado se queda sin planes y a las once de la mañana ya has abierto cuatro veces el refrigerador.
No tienes hambre. Buscas una interrupción. Enciendes la televisión, revisas mensajes y consideras llamar a alguien con quien casi nunca quieres hablar. La casa no está vacía de ruido. Está llena de la incomodidad de no saber qué hacer contigo.
Pasar tiempo a solas no consiste en convertir cada tarde en una experiencia profunda. Puede ser aburrido. Precisamente allí aparece información útil: qué actividades eliges sin compañía, qué pensamientos evitas y cuánto de tu agenda existe solo para no escucharlos.
También hay una soledad que pesa demasiado y necesita apoyo, comunidad o una puerta abierta. Aprender a estar contigo no obliga a celebrar el aislamiento. Sirve para que la compañía sea una elección y no el único modo de apagar el silencio.
Cierras el refrigerador y sales a caminar sin audífonos. No ocurre ninguna revelación. Compras pan, reconoces una calle y regresas menos impaciente. La tarde sigue siendo sencilla, pero ya no necesita ser rescatada.