El Librero de Gutenberg

Algunas veces es mejor no decir nada.

En la asamblea te preguntan si el faltante de caja demuestra que alguien robó y todavía no han revisado los recibos.

Todos miran a la tesorera porque tú ayudaste a cerrar las cuentas. Sabes que el total no coincide y también sabes que dos depósitos llegaron sin referencia. Decir que seguramente fue un error parece prudente. Decir que seguramente hubo robo parece valiente. Ninguna frase está respaldada todavía.

El silencio no siempre nace del miedo. A veces protege la distancia entre lo que observamos y lo que creemos. Cuando una palabra puede dañar una reputación, alterar una decisión o encender una acusación, reconocer que aún no sabemos es más honesto que llenar el vacío con seguridad prestada.

Eso no significa ocultar el problema. Se puede decir qué dato falta, quién lo revisará y cuándo habrá una respuesta. Callar una conclusión no obliga a callar el proceso. Si existe un riesgo inmediato, la responsabilidad puede exigir informar y contenerlo aun antes de conocer toda la causa.

Respondes que hay una diferencia de dinero y que el jueves presentarán la conciliación completa. Los depósitos aparecen en una cuenta secundaria. Nadie fue acusado para hacer más entretenida la espera. Esta vez no decir nada significó no inventar la parte que faltaba.

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