El Librero de Gutenberg

Aunque hagamos todo bien, no siempre vamos a coincidir con los demás

Dos voluntarias consiguen fondos para la biblioteca y después descubren que imaginaban salas distintas.

Una quiere estantes bajos, pasillos amplios y una mesa para tareas. La otra propone usar la mitad del espacio para lecturas y talleres. Ambas visitaron otras bibliotecas, preguntaron a los vecinos y cuidaron cada peso del presupuesto.

Hacer las cosas bien no elimina las diferencias de prioridad. La misma información puede pesar distinto para quien piensa en el acceso diario y para quien piensa en reunir a la comunidad. Convertir el desacuerdo en prueba de mala intención desperdicia el trabajo honesto que ambas ya hicieron.

Respetar no exige fingir que las dos propuestas caben completas. Exige describir con justicia lo que cada una intenta proteger, nombrar lo que no se puede negociar y buscar una prueba pequeña cuando todavía faltan datos. A veces tampoco habrá acuerdo y tocará decidir sin fabricar una villana.

Miden el salón otra vez y compran mesas con ruedas. Durante tres meses registrarán cuántas personas usan cada distribución. Ninguna obtuvo todavía la biblioteca que imaginó. Las dos conservan un lugar desde el cual mirar juntas lo que de verdad sucede.

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