¿Es mi impresión o la gente cada vez es más desconsiderada? Autos que se pasan los semáforos en rojo. Gente con perros dejando sus heces fecales en la calle. Personas que no responden al saludo. O quizás es lo que sucede en las grandes ciudades. O quizás mi tolerancia hoy está más baja de lo normal. Ya ni sé.
En una sola caminata ves un coche pasar en rojo, una bolsa que nadie recoge y un vecino que no responde los buenos días.
Llegas a casa convencido de que la ciudad perdió toda consideración. Dormiste mal y cada escena parece confirmar la anterior. Sin embargo, los tres hechos no dicen lo mismo. El coche puso a otros en peligro. La bolsa abandonada tiene un responsable visible. Del saludo solo sabes que tu voz no recibió respuesta.
Revisar nuestra tolerancia no exige disculpar conductas dañinas. Ayuda a responder en proporción. Un riesgo de tránsito puede documentarse y reportarse. A quien deja suciedad se le puede ofrecer una bolsa y pedir que la use. Un gesto ambiguo quizá necesita repetirse o recibir una pregunta antes de convertirse en retrato completo de una persona.
También existen patrones reales de descuido. Si algo ocurre todos los días, afecta a muchos o deja consecuencias, merece organización y límite. El cansancio influye en la mirada, pero no borra la evidencia. Lo que evita es que usemos una mañana difícil para declarar culpable a una ciudad entera.
Al día siguiente el vecino se toca el oído y explica que la pila de su aparato se agotó. Más adelante vuelves a ver al dueño del perro y esta vez acepta la bolsa. El semáforo sigue necesitando vigilancia. No absolviste al mundo. Dejaste de condenarlo con tres pruebas que nunca tuvieron el mismo peso.