El Librero de Gutenberg

Somos madres, esposas, hermanas. Pero también somos personas con necesidades y gustos, y tenemos un mundo interior que se nutre del tiempo que nos dedicamos

Cuando te preguntan qué música te gusta, respondes con la lista que escuchan tus hijos.

Durante años elegiste horarios, comidas y fines de semana alrededor de otras personas. No fue una mentira ni un sacrificio puro. Las querías y muchas decisiones también te dieron alegría. Aun así, cuesta recordar qué escogerías en una tarde que no necesita servir a nadie.

Los roles familiares organizan afecto y responsabilidad. Se vuelven estrechos cuando absorben el nombre completo de una persona. Tener gustos, descanso y proyectos propios no compite automáticamente con cuidar. Evita que toda identidad dependa de ser necesaria.

Dedicarse tiempo no exige una transformación costosa ni abandonar deberes. Puede ser una clase, una caminata o una hora protegida. Lo importante es que la elección no necesite justificar su utilidad para otra persona.

Buscas un concierto pequeño y compras una entrada para ti. La primera canción no te gusta. La segunda sí. Vuelves a casa con un nombre nuevo anotado en el teléfono, algo que nadie te pidió traer y que también forma parte de la mujer que regresó.

Recibe las cartas

Si esta lectura te hizo compañía, puedo mandarte la siguiente.

Sigue por aquí

Dos ideas cercanas a esta conversación.