El Librero de Gutenberg

Solo no confundas humildad con sumisión. Hay que saberse dar a respetar, sin ser prepotente.

En la reunión familiar vuelven a repartir tu tiempo como si no estuvieras sentado en la mesa.

Dicen que tú puedes llevar a la tía, recoger los medicamentos y encargarte del domingo. Sueles ayudar y no te gusta discutir. Esta vez tienes trabajo, una cita y el cansancio de que tu disponibilidad siempre se dé por hecha.

La humildad permite escuchar y reconocer que no somos el centro. La sumisión aparece cuando esa disposición se usa para borrar nuestras necesidades. Callar no vuelve más noble una decisión que después cumpliremos con enojo.

Darse a respetar tampoco exige levantar la voz ni recordar todos los favores anteriores. Puede consistir en hablar antes de que el acuerdo se cierre: qué puedes hacer, qué no y qué parte necesita asumir otra persona.

Dices que llevarás a la tía el martes, pero el domingo no está disponible. La mesa queda quieta unos segundos y luego alguien toma esa tarea. No ganaste autoridad sobre la familia. Recuperaste autoridad sobre tu calendario.

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